Una
Hermosa Historia
que
define al Tai Chi Chuan
Por Sifu
Horacio Di Renzo
Siempre
me gusta decir que lo verdaderamente real de las historias
antiguas es lo que enseñan. Tratándose de la
historia del Arte
Marcial Chino, siempre viene bien dudar un poco de la veracidad
de las anécdotas.
Pero
haremos muy bien si prestamos atención a sus mensajes.
Esta historia
- cambiando nombres, sitios y hasta protagonistas - se cuenta
mucho,
tanto en
los círculos marciales allegados a la familia Yang, como entre
gente del estilo Chen. Más allá de cuál sea la versión
verdadera, lo cierto es que posee una
enseñanza invalorable:
Un
día en Beijing, un monje Shaolin se presentó ante Yang Lu
Chan. Su nombre era Ching Te, y se trataba de un individuo alto,
fuerte y robusto.
El
monje, al presentarse, expresó su admiración por el Maestro.
Pero mientras Yang respondía el saludo, trató de
sorprenderlo tirándole a Yang su mejor golpe.
Lejos de alcanzarlo, el
pecho del maestro evadió el cañonazo, y una palma respondió
con aparente suavidad, enviando al monje al suelo.
"He
sido muy rudo, por favor discúlpeme" dijo el fuerte
luchador, sorprendido, a lo
que Yang, que era un caballero, respondió invitándolo a pasar a
su casa y conversar.
-
¿Por qué fui sorprendido y no pude mostrar mi habilidad? -
preguntó el monje.
-
Eso es porque yo siempre estoy en guardia - respondió Yang.
-
Cómo hizo para responder con tanta velocidad?
-
Esto se llama Fa Jing y es como disparar una flecha.
-
Yo he recorrido muchas provincias - comentó Ching Te - y he
visto muchos maestros. Pero ninguno como usted; por favor,
enséñeme.
Yang
no respondió, pero pudo ver un gorrión volando cerca de su
ventana.
-
Voy a jugar con ese pájaro, dijo, y con un rápido movimiento
lo atrapó con su mano izquierda. Inmediatamente aflojó la mano
para evitar dañar al animalito, y lo depositó sobre su mano
derecha.
Cuando
el pájaro intentó iniciar vuelo, no pudo, porque Yang
"escuchando" la energía de las patitas del gorrión,
bajaba su mano un poco para impedir que el mísmo pudiera
asentarse. Por más que movía las alas, el gorrión no podía
iniciar vuelo.
El
monje exclamó que el arte del Maestro Yang era
"milagroso", a lo que Yang respondió:
-
No hay nada de milagroso. Si uno practica Tai Chi Chuan con
diligencia durante largo tiempo, el cuerpo todo se vuelve tan
ligero y sensible que ni siquiera se puede agregar el peso de
una pluma sin que eso genere que todo el cuerpo se mueva, y ni
siquiera un pájaro puede despegar. Es simplemente eso."
Creo
que es una anécdota excepcional, que explica claramente adónde
debe apuntar la práctica diaria del Tai Chi Chuan.
Sifu Horacio Di Renzo