Revalorizando la enseñanza de las Artes Marciales
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Las Artes marciales son una tremenda herramienta de superación personal. Comenando por el incremento del estado físico y la salud, siguiendo lo que esto significa para el mejoramiento de la calidad de vida. Sin duda, su práctica diligente y regular brinda juventud y plenitud a todo aquel que lo practique, independientemente de factores como la edad, el talento natural, etc... Es un hecho que todos podemos beneficiarnos practicando Kung Fu.
Día
a día más entusiastas dedican varias horas a la semana a entrenar sus cuerpos,
depurar su técnica, descargar tensiones, practicar respiración, y otras
actividades que son tan placenteras como útiles.
Habiendo
tantas ganas, es responsabilidad del instructor canalizar esos esfuerzos en
beneficio de quien los hace.
En
este panorama de la era moderna, el instructor de artes marciales debe
preocuparse por su capacitación en forma permanente, por muchos motivos, entre
los que podemos contar estos:
1)
Los buenos métodos obran milagros.
Si hay algo constante en los institutos, es la tendencia de los alumnos adultos, a subvalorar sus posibilidades. Con buenos métodos y buenos profesores, son pocos los objetivos que no pueden lograrse. ¿Qué no puede estirar? ¿qué ya es grande? Mi maestro (Chan Kowk Wai) tiene 68 años y está fuerte como un toro, da clases los siete días de la semana y se acuesta como mínimo a las dos o tres de la mañana. Siempre se lo ve de buen humor, con vigor, y enseña todos los movimientos de sus artes por sí mísmo.
El promedio de edad en mi instituto es de 35/40 años, son “jovenes adultos” que mantienen su peso, saltan, ruedan en el suelo, patean a la cabeza y pueden manejar armas pesadas. Para ellos el reloj se detuvo, y lo hará por un buen tiempo, ya que el potencial de un ser humano suele ser mucho mayor que la media que vemos en la calle todos los días.
Pero
si hay algo que realmente constituye un freno para el practicante, es un
profesor que le ponga un techo, ya sea por desconocimiento o por falta de
capacidad para motivarlo. Por eso debemos cuidar dos aspectos: la
dedicación con afecto incluido, y la capacitación para conocer cuál es la
mejor manera de entrenar a cáda tipo de alumno.
2)
Los buenos profesores se mantienen de por vida.
Siempre luego de un filtro, quedan buenos alumnos que dedican años a su entrenamiento. En mi clase, por ejemplo, hay unos pocos alumnos nuevos, y el resto de alumnos que superan los cinco años de práctica ¿cuántas actividades permiten tener alumnos por tantos años? Esto ocurre porque es un “buen negocio” para ambos: el profesor se siente realizado y al mísmo tiempo puede progresar en su profesión, y el alumno cumplirá su sueño de aprender artes marciales, ganando salud, bienestar y calidad de vida, entrando en el camino de las disciplinas orientales.
Por
el contrario, un profesor mal capacitado y con enfoques equivocados, aleja del
Kwoon a alumnos que acaso se perderán para siempre para las artes marciales. Se dice
con razón, que un alumno que abandona un instituto desconforme perjudica a
TODOS los profesores, a toda la comunidad marcial.
3)
El sacrificio para
poder entrenar cada vez es mayor.
Un profesor, cuando entra al instituto, va a hacer su trabajo, un trabajo que le gusta y por el que recibe su pago. El alumno deja a veces a su familia en la casa, se pierde el noticiero, el partido, la película, horas muy valiosas en el hogar...sin mencionar el insumo de dinero.
El
buen profesor deberá honrar el sacrificio del alumno enseñándole bien.
Poniendo su corazón en la tarea, tratando de lograr mejorar las capacidades
naturales del estudiante, y conquistar las que demanden transformaciones en la
naturaleza del mísmo.
En la superación de estas dificultades está el desafío de las artes marciales en el Siglo XXI. Muchos profesores pierden energía y tiempo tratando de demostrar que sus estilos son los mejores, en lugar de tratar de que sus alumnos lo sean...para mí, ningún maestro es bueno si su alumno no logra cumplir sus sueños, esos sueños con los que ingresó el primer día de práctica al Mo Kwoon.
Honremos
al alumno, honremos al Wushu, enseñando bien, alentando al practicante,
transformándolo para mejor, sin perder tiempo en criticar a las demás
escuelas...buscando el progreso del alumno progresaremos nosotros y progresará
el wushu en el mundo. Y la sociedad deberá un día dar su reconocimiento a la -
repito y seguiré repitiendo - magnífica herramienta de superación personal
que es el Wushu.
Sifu
Horacio Di Renzo