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GRATITUD Y RECONOCIMIENTO

 Por Sifu Horacio Di Renzo

 Un Buen Ejemplo  

Si alguien quiere saber qué significan estas dos palabras – juntas – en la cultura del Kung Fu Tradicional, debería estudiar atentamente el libro “Chang’s Style Tai Chi Chuan” escrito en 1982 por el Gran Maestro Frank DeMaria.

Si tenés un poquito de paciencia y te querés enterar de qué es lo que quiero decir, seguime. Recorramos esta obra que, como todo lo que es hecho por un verdadero maestro, despliega sabiduría por todos lados, mucho más allá del objetivo original.

Posiblemente mucha gente habrá aprendido Taichichuan con este libro. Yo aprendí muchas otras cosas.

La primera página (luego del título) contiene un manuscrito escrito de puño y letra de su Maestro, el gran Chang Tung Sheng. Chang lo escribió como dedicatoria al libro de uno de sus más queridos discípulos.  Nos referiremos luego al texto de este escrito, que no tiene desperdicio, pero nos aleja del tema.

Lo significativo aquí, es que Sifu Frank DeMaría ubicó en primer lugar a su Maestro, evitando la vanidad tan común de varios autores, de figurar antes que nadie.

La segunda página reafirma esta idea: una foto que ocupa toda la mísma, del Gran Maestro Chang Tung Sheng. Primero el maestro. Después de todo ¿qué mejor carta de presentación para un profesor que se precie, que mostrar con quién aprendió, máxime cuando la sola mención de su nombre despierta el respeto de los grandes?.

Página 3: índice.

Página 4: Dedicatoria.

“Este libro esta dedicado a mi Padre y Maestro, Chang Tung Sheng, fundador del estilo Chang de Tai Chi Chuan”.

Esta dedicatoria es lógica, pensando que el libro versa sobre un estilo creado por esta persona. De todos modos, lo que se nota en esta seguidilla, es que a DeMaria nada le parece suficiente a la hora de reconocer y agradecer.

Página 4: Reconocimientos.

Aquí, el Maestro DeMaria se acuerda en primer lugar, de su amada esposa. ¡Qué lección de vida! Leamos sus palabras:  

"Escribir este libro no hubiera sido jamás posible sin la ayuda de mi querida esposa, Fu Lin Wang, quien me dio el aliento y el apoyo que yo necesitaba para tener éxito."

Dicen que se enseña mejor con hechos. Esta frase en su libro, pudo haber inspirado el valor del amor hacia la compañera de vida, a muchos discípulos. De hecho, yo lo tomé como una enseñanza, máxime habiendo experimentado en persona lo bien que se lleva esa pareja, lo cual también es kung fu.

 El párrafo siguiente está íntegramente dedicado a agradecer la colaboración de sus alumnos. Cada detalle esta cuidado, probablemente no se haya olvidado de ninguno. Y de paso, queda manifestada la gran colaboración que recibió de sus dedicados estudiantes. 

Finalmente, cierra el escrito con una de las palabras más sabias que he leído, por la eficacia y claridad con que explica la posición que ocupa EL MAESTRO DE UN MAESTRO: 

"...y finalmente al Gran Maestro Ch'ang Tung Sheng, sin quien nada de esto hubiese sido posible.

Si miras una hermosa casa en la cima de una colina, primero notarás la casa, sin discernir que es la colina lo que la sustenta. Ch'ang es la montaña sobre la que yo estoy parado. Sin su sustentación y guía, este libro jamás hubiese sido escrito".

 No me extraña que Sifu Ma sea hoy poseedor de tan grandes conocimientos sobre Kung Fu. Aprender kung fu es , primero que nada, una decisión personal, y luego, una cuestión de merecimiento. Y los maestros que compartieron con Frank DeMaría su kung fu más preciado, sintieron que estaban depositando ese conocimiento sobre la persona correcta.  

Porque la persona correcta, siempre tiene en cuenta la GRATITUD y la RETRIBUCION hacia el Maestro. 

Quiero hoy compartir con ustedes, esta hermosa y sabia lección que, en 1999, 19 años después de haber aprendido con el Gran Maestro Frank DeMaría, he recibido a través de sus escritos. 

Conociendo a Frank DeMaria

 La primera vez que me encontré con el Maestro Frank DeMaria, fue en un hotel, en la localidad de Peekskill, separada de Manhattan por una hora y media de tren. El golpeó la puerta de mi habitación, me ofreció su mejor sonrisa y entró al recinto, sentándose en un sillón dispuesto a conversar con ese muchacho que había viajado desde Argentina con el sólo propósito de conocerlo y aprender con él...Me acuerdo de mi primera impresión. “es bajo” pensé, porque en las fotos de las revistas me parecía más alto. Claro, casi todos los que lo acompañaban en esas fotos eran chinos...hasta su esposa.  

Entonces se presentó. Quedé impresionado inmediatamente por su currículum. Tanto que en un primer momento desconfié...pero ahora pienso que cuando uno tiene ojos para ver, ve. Y yo terminé viendo en él a un ser muy especial, lo cual terminó siendo totalmente cierto.

GM Frank De Maria, mi primer Maestro

No tardó más de dos frases en nombrar a Chang Tung Sheng. Frank DeMaría había tenido muchos maestros importantes en New york y en Taiwan. Pero SU Maestro era Chang Tung Sheng, quien aún vivía en ese momento. Me emocionó la manera cálida en que hablaba de él. Cuando lo nombraba, se le encendían los ojos. Era evidente su admiración y su gratitud. No había manera de ser indiferente a esa sensación.

Ese sentimiento se confirmó cuando visité su casa. Frank DeMaria vivía en ese momento en una acogedora casita en el campo, rodeada de un predio bastante grande -más de una manzana. Cuando llegamos, nos recibieron su esposa, y tres monjes taoístas, chinos (vestidos con atuendos religiosos, con la cabeza rapada y rostros sonrientes...!demasiado para mí a los 20 años!), que habían venido de Taiwan para inaugurar un Templo...pero esa es otra historia.

Apenas ingresamos a su casa, mi mirada se dirigió instintivamente hacia una pared del living. La mísma estaba cubierta de fotos enmarcadas. La foto central destacaba de todas las demás. Era una hermosa foto de Chang Tung Sheng en una pose natural, de medio cuerpo, con su chaqueta típica del Hsuay Chiao. Se veía en su estampa a un temible guerrero. Todo en él indicaba quién era. Tanto me impresionó, que no recuerdo hoy cuáles eran las otras fotos...

La presencia del Gran Maestro se hacía sentir también en el salón de entrenamiento personal del Sifu. En él, una pared estaba llena de armas chinas de las formas más extrañas, incluso un par se sais, tonfas y nunchakus (versión china)... a la derecha, más fotos del Gran Maestro, esta  vez realizando movimientos de Luo Han Chuan.

Uno aprende lo que vive. Pero se vive realmente cuando existe consciencia de la experiencia aprendida.

Frank DeMaría me hizo vivir su devoción, respeto y gratitud hacia Chang Tung Sheng. Yo aprendí el respeto al Maestro a través de él. Frank DeMaría brillaba con luz propia, y sin embargo, la sombra de su Maestro siempre estaba sobre él. Pero el brillo, bajo esa sombra, se hacía más luminoso.

Atesoré ese concepto y lo convertí en mi propia naturaleza.  Jamás pasó nadie por mi Escuela sin saber quiénes eran mis Maestros. Hoy todos mis alumnos saben quien es Frank DeMaría, con quien practiqué hace veinte años, y realmente habría que ser ciego, sordo y mudo para no saber un montón de cosas sobre mi Maestro Chan Kowk Wai, al que seguiré de por vida. 

 

UN EJEMPLO QUE NUNCA OLVIDARE   

El Maestro de Kung Fu CLAUDIO DI RENZO (mi hermano) aprendió mucho Kung Fu con su Maestro LEO IMAMURA en Sao Paulo, Brasil. Fue justamente por Imamura que llegué a Chan Kowk Wai. Fue Este Maestro quien me informó , en 1989, sobre la existencia de un Maestro del estilo Shaolin Norteño en Brasil.

Así fue como Claudio, en uno de sus viajes de aprendizaje, fue a visitar la Academia del Maestro Chan, con la misión de solicitar a éste el permiso para que yo tomara clases.  

Claudio se presentó en la Academia con el mejor comportamiento propio de un serio estudiante de Kung Fu. Al llegar, saludó al Altar de los Ancestros. Se presentó en un momento al Gran Maestro Chan, solicitándole permiso para distraerlo unos minutos de su clase. (Ningún practicante serio debe dejar de valorar el tiempo de clase del maestro, porque en ese lapso los alumnos deben ser la prioridad número uno. Todo el tiempo que el Maestro distrae de su clase, se multiplica por la cantidad de alumnos que hay en ese momento). 

Un Joven Chan Kowk Wai

Así Claudio esperó el momento adecuado, se presentó y le habló de su hermano, quien estaba sumamente deseoso de aprender bajo su tutela, y le solicitaba por su intermedio, permiso para ir a su Academia a aprender.

El Maestro Chan aceptó en forma inmediata, y en esa seguridad en la decisión, probablemente pesaron dos cosas: el respetuoso comportamiento de Claudio y el nombre del Maestro Imamura.

Luego de un agradable rato de charla, mi hermano debió despedirse. Antes de irse, le obsequió al Maestro Chan un respetuoso saludo, y un Hong Bau presentado con ambas manos y una inclinación.

No faltaron los alumnos de la Academia, que le preguntaron al Maestro:

-   Maestro, ¿Qué es eso?

A lo que Chan contestó:

-   Una señal de mucho respeto.

La seguridad de Claudio al dar el Hong Bau solamente pudo empardarse con la inmediatéz con que el Maestro Chan contestó esa pregunta.

Varias veces escuché a mi hermano dar clases magistrales utilizando esta valiosa anécdota. El tiempo que mi maestro dedicó a un desconocido, fue valorado por Claudio , y esa valoración PLASMADA EN HECHOS, fue algo que no pudo escapar a la sensibilidad de un hombre de Kung Fu como Chan Kowk Wai.

Ese día, la puerta de la Academia comenzó a abrirse para mí, y para todos mis alumnos por mi intermedio. Ese día, hoy lo pienso muy seguido, la anécdota inolvidable comenzó a surcar en mi subconsciente, un término que luego haría mío:  

“KAI MEN”.

  

Para enseñar, primero hay que aprender

 Uno de mis alumnos, una persona muy preocupada por aprender, y de quien siempre he reconocido su esfuerzo y dedicación hacia su aprendizaje, hoy cuenta con un pequeño grupo de buenos estudiantes.

Cerca del Núcleo Central, le fue imposible evitar formarse en la Etiqueta Marcial. Una de las cosas que no pudo dejar de observar, fue la existencia de ese simple, cómodo y eficáz elemento que se usa en la Escuela Tradicional de Kung Fu para simbolizar la retribución: el HONG BAU (Sobre Rojo).

El Sobre Rojo no es privativo del arte marcial chino, es una antigua costumbre china. Se lo puede encontrar en las festividades, en las Famosas Danzas del León...con él las personas pudientes tributan al León para recompensarlo, con él los discípulos agasajan a sus maestros. Y quienes quieren iniciar una relación duradera con un Maestro lo utilizan para demostrar su disposición por despojarse de algo material y ayudar al Superior.

El Hong Bau tiene varios elementos que debemos tener en cuenta antes de seguir:

  • El gesto de dar es simbólico, no siempre es importante cuánto dinero puede haber en él.
  • El Hong Bau no se da para pagar nada, se otorga independientemente de cuánto se haya pagado por un servicio, clase o conocimiento.

El Sobre Rojo de los Chinos presupone un deseo de Buena Fortuna para quien lo recibe. Su alcance excede en mucho el mero contenido material de su interior. Es el Buen Deseo, es la Gratitud, es la Deuda Eterna e Insaldable con quien ha transmitido su valioso conocimiento.

En la Asociación, el Sobre rojo comenzó a implementarse, con la esperanza de iniciar a los alumnos argentinos en costumbres orientales de alto valor formativo. Así, pronto todos los estudiantes comprendieron la importancia de retribuir, de demostrar el agradecimiento, de decir con una simple ofrenda “gracias por su tiempo, Sifu”.

En cierta ocasión, y volviendo al comienzo, este alumno me llamó por teléfono.

Entusiasmado, me comentó de qué manera estaba ambientando a la usanza tradicional su Kwoon, un salón de pequeña dimensiones, perteneciente a la casa de sus padres.

-          Ayer ya les puse la cajita con los sobres rojos, para que se vayan acostumbrando a usarlo – me contó, esperando mi aprobación.

Pero mis palabras siguientes – un coloquial “qué bien” – salieron solamente de mi boca para afuera, como un acto reflejo absolutamente carente de sentimiento.

Cuando corté, trataba de comprender. Pero por mas que lo intentaba, no lo conseguía...

...no conseguía cómo un instructor que siendo alumno, JAMAS me había dado un sobre rojo, podía pensar que merecía uno...

Moraleja: No pretendas para ti lo que jamás has procurado para tu maestro...

Moraleja II: No se puede enseñar, lo que no se ha aprendido.

Moraleja III: leer cuidadosamente las moralejas I y II...

 ¿Estamos hablando de un mal alumno? No...primeramente porque el alumno que me llamó por teléfono ese día está a años del actual, y por otra parte, porque , como veremos en este trabajo, todos han – hemos – cometido graves errores en nuestras relaciones con los Maestros. 

Se aprende lo que se vive...pero se vive lo que se percibe.

Solo se  considera aprendido, aquello que se aplica. Saber es hacer, y no hablar o escribir.

La gratitud hacia el Maestro no tiene fin en un discípulo de verdad. Se vive, se renueva, se demuestra en todo lo que el discípulo hace.

Por más que intento, no tengo forma de armar el rompecabezas de mis mejores discípulos, uniendo sus brillantes carreras con esas actitudes que yo siempre asocié con la falta de gratitud, la auto-idolatría, o la distracción.

Pero la diferencia es que el chanta no tiene a quien mostrar. En cambio, ellos hicieron una elección. Sin siquiera darse cuenta, me hicieron vivir momentos de  desprecio e ingratitud. Fue un trago muy amargo, que tomo hoy como un signo inequívoco de mala enseñanza de mi parte.

En algún tramo del camino, he fallado en un aspecto muy importante. Y siguiendo la inequívoca ley karmica, he recibido algo que en algún momento he dado en igual medida. Aunque yo no sepa qué.

Con este escrito, no pretendo dar testimonio, sino una clase magistral, porque si bien estoy mostrando el lado errado a través de mis discípulos, puedo en contrapartida, mostrar el lado bueno a través de uno de mis Maestros. Lo cual es todo un privilegio que no muchos pueden hacer.

Porque en estas cosas reside el Espíritu de las Artes Marciales Chinas. La gratitud hacia el Maestro es la muestra más fina de lo que llamamos WU DE. 

Gracias por enseñármelo tan bien, Gran Maestro Frank DeMaría...

Gracias, Gran Maestro Chan Kowk Wai, por demostrar con su ejemplo diario el comportamiento adecuado.

sifu Horacio Di Renzo

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